Japón y el sentimiento de pertenencia

A partir de la reflexión inevitable que genera la comparativa entre el sistema educativo español y los sistemas educativos de otros países nace la necesidad, también inevitable, de buscar aquellos factores extranjeros que considero ayudarían a mejorar nuestra educación. Y es que, ¿quién no es capaz de encontrar mil pegas al sistema Español? Que sí, que no estamos tan mal, pero la realidad es que no creo que haya nadie en este país que sienta que estamos bien, que avanzamos, que nuestros jóvenes están recibiendo la mejor educación posible dadas nuestras posibilidades. 

Porque, ¿de qué sistema podríamos  “importar” algo que mejorase nuestra situación? ¿Del japonés? La verdad es que cuando era más joven y entré por primera vez en contacto con la cultura japonesa (videojuegos, manga y anime: lo típico) en seguida llegó la fase de idealización de su cultura y de su sociedad. Eso sí, una vez superada la adolescencia y alcanzada  un mínimo de madurez y criterio, no hay nada más lejos de la realidad. 

Y es que Japón posee la segunda ratio más alta de suicidio de toda Asia. En el año 2017 los datos indicaban que en Japón 16.2 personas se suicidaban por cada 100.000, frente a las 9.46 personas de la media mundial entre los países de los que se tienen datos y a las 7.54 personas de España, según los datos de 2018. El suicidio es la causa principal de muerte entre los jóvenes japoneses. Esto no puede llevarnos a pensar que se trata de un buen sistema educativo, independientemente de los datos académicos o de inserción laboral. Y es que la educación asiática se construye, en general, entorno a unos niveles altísimos de exigencia, disciplina y trabajo. Valores que se han vinculado sistemáticamente a la aparición de enfermedades mentales como son la depresión o la ansiedad. Los datos de suicidio y estos niveles de exigencia en la educación y la vida laboral japonesa no son casuales, al contrario, están tremendamente relacionados.

Sin embargo, me debo ceñir a lo que nos atañe: ¿qué tiene el sistema japonés que pueda servir al sistema español? Sin duda, la exigencia no: los japoneses acuden a clase 240 días al año frente a los cerca de 170 que acudimos los españoles. ¿Qué nos queda entonces? El sentimiento de pertenencia.

El sistema educativo japonés invierte una gran cantidad de recursos en fomentar el sentimiento de comunidad y la identidad de la escuela, algo que en España es completamente inexistente. Los alumnos nipones se identifican orgullosos con su escuela o instituto y con todo lo que representa. Sin embargo, en España los alumnos lo consideran más una cárcel, un castigo, una penitencia con la que hay que cumplir hasta que surja la oportunidad de escapar. 

Esto es un gran problema: un alumno que acuda desidioso y molesto al instituto no va a sacar el mismo provecho de la experiencia educativa que aquel que acude a un centro que le representa y que no está cargado solo de connotaciones negativas: madrugones, deberes, profesores autoritarios, exámenes... Los centros japoneses hacen participes a los alumnos del mantenimiento y desarrollo de sus centros, fomentando la comunidad y el sentimiento de pertenencia a algo más grande que ellos mismos, algo que les tiene en cuenta y de lo que forman parte. Los alumnos reciben el material educativo básico de forma gratuita, se revisan entre ellos los deberes, colaboran en tareas de mantenimiento y limpieza en la escuela, comen juntos en el mismo centro y participan en un sinfín de clubs extraescolares que ellos mismos gestionan. Las competiciones deportivas a nivel regional y estatal son habituales, habiendo escuelas que reciben a sus alumnos por los resultados de sus clubs extraescolares. De esta forma, la asociación de emociones que hace un joven japonés para con su centro escolar no puede ser la misma que la que hace un joven español.

Las dotes de autonomía, gestión y responsabilidad que genera esta confianza en los alumnos demuestra el efecto de un apropiado sentimiento de pertenencia ligado a la escuela.  Además, se puede apreciar como la amplia presencia del deporte y de la nutrición en la vida escolar japonesa influye en la tasa de obesidad infantil, donde Japón destaca por estar bien por debajo de la media internacional. 

La efusiva energía que nos caracteriza y la forma de vida española, donde hay tantas horas de luz y se busca que los niños estén ocupados en diferentes actividades por las tardes, me llevan a pensar que estos aspectos del sistema japonés serían fácilmente aplicables al sistema educativo español. España ya presenta un buen caldo de cultivo para promover ese sentimiento de pertenencia: no hay nada que nos guste más que dividirnos en equipos, bandos y frentes. ¿Por qué no hacerlo con algo que de verdad merezca la pena?


Comentarios

  1. Estoy muy de acuerdo con tu análisis, Álvaro.
    También me alegra que seamos más de uno los que importemos cualidades de Japón, y que no coincidan es asombroso jeje

    Obviamente la sociedad japonesa tiene sus problemas, como tu mismo indicas, pero su colectivismo y compañerismo es inigualable y digno de valorar.

    Contesté a tu comentario en mi blog y también quería informarte que estás en mi ránking.

    Un abrazo.

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